30 oct 2010

Socio vitalicio

No. No. ¡No! Tienen que ir para atrás, ¡para atrás! La concha de su madre. La concha de su madre. ¡Eh! ¡Ehhh! ¡Ehhhhhhhhhhhh! ¡Ramírez! ¡Ramííííreeeeez! ¡Conchudo! ¡Hijo de puta! ¡La concha de tu madre hijo de puta! ¡Para atrás tienen que ir! ¡¡¡Para atrás!!! ¡Hijo de puta! ¡¡¡Hijo de puta!!! Que hijos de puta. No lo puedo creer. Que hijos de puta. La concha de sus madres. La concha de sus reverendas madres. No lo puedo creer. Para atrás. Para atrás tienen que ir. Hijos de puta, hijos de puta es lo que son. Mierda. ¡Mierda! Permiso, disculpe, permiso. ¡Eh! ¡Ehhh! ¡Bortollini! ¡¡¡Bortollini!!! ¡Dejala pasar! ¡La próxima dejala pasar, me entendés! ¡Eh! ¡¡¡Ehhh!!! ¡Bortollini! ¡Dejala pasar! Otro hijo de puta. Un club de hijos de puta. Todos hijos de puta. Me cago. Me cago en todos. Hijos de puta. ¡Eh! ¡Ehhh! ¡Vos! ¡Sí, vos! ¡¿Qué mierda festejas?!

28 oct 2010

Asad

"Yo dejaba la vida y por eso tuve la banca. Yo dejaba la vida en Vélez, metía los 90 minutos, trituraba a los defensores"

-Entrevista completa al Turco en el diario La Nación aquí-

16 oct 2010

Macarena, Mónica de mi verano, fuego de mis entrañas. Mi alma, mi Lolita. Ma-ca-re-na: cuatro silabas para comenzar desde los labios y terminar con mi lengua sobre el paladar, respirando una a. Ma. Ca. Re. Na.
Es Maca para sus amigas. Es Macarena Rodríguez en la lista de la comisión. Pero, sentada arriba mío, mientras corregimos los ensayos de Nabokov que pedí la semana pasada, es siempre Macarena.

Hemingway

13 oct 2010

Rock

El domingo a la madrugada, cuando me bajaba de un taxi después de haber pasado unas buenas horas bebiendo y conversando en lo de Yudica, Yat asomó su cabeza por la ventana del auto y me grito, "¡M.H., maricón, escribí!". "Ya se, ya se", me disculpé con una risa culposa mientras cerraba la puerta del acompañante. Tenía bien consciente que en el último tiempo había hecho poco y nada en el blog, así que podría decirse que el porquería de Yat había metido el dedo en la llaga. "Chau muchachos", me despedí y el taxi arrancó con Yat gritándome groserías y el Gringo Heinzenknecht totalmente desvanecido por la cantidad de aguardiente que había tomado.
Me acerqué al kiosko en la esquina para comprar cigarrillos, pero después de esperar un minuto sin que nadie me atendiera decidí seguir camino a casa.
Ahora escucho Kapanga mientras escribo estas líneas. Llueve. Elegí el tema "Rock". Es fantástico como el Mono sueña ser Robert Plant al comienzo del video:

4 oct 2010

No quiero ser Tyson en Japón



Los contendientes batallan sin pausa, golpe y golpe, sangre, entre las fascinación y el miedo la multitud ruge, grita y se revuelca en su propio frenesí, terribles hembras aparecen entre round y round y ahí esos que se rompen la cara a manotazos.
Dos hermanos? Dos enemigos? Dos conciudadanos? Dos empresas? Dos ejércitos? Dos vencidos? Dos hijos? Dos pueblos? Dos cartoneros? Dos artistas? Dos Tyson? Dos Foreman? Dos abuelos? Dos estupideces? Dos barbaridades? Dos palabras? Dos mentiras?
Pero siempre uno y sólo un referí.

(Porque un campeón a veces cae, un campeón también cae)

22 sept 2010

tu dios jugará a los dados, pero el mio se mató jugando a la ruleta rusa hace ya bastante tiempo

11 sept 2010

Un marrano

Pablo de Santis de Santis es un cerdo, un cochino. Pero le va bien.
El verano pasado, en el Buquebús a Colonia, le dijo a su esposa Mi amor, espero que aproveches bien este viaje, porque va a ser el último que haces conmigo. Cuando regresamos me separo.
La pareja pasó dos semanas en Punta, ella llorando, él tomando Sol, y, una vez de vuelta en Buenos Aires, Pablo pidió el divorcio.
Cree que fue muy generoso al dejar que Martina pase sus últimos días con él en el Este. Le gusta el lugar y sabe que a ella también. Cuando piensa en ese último regalo, una sensación de calidez se extiende a lo largo de su cuerpo.
Pablo es un hijo de puta. Lo digo porque lo conozco y de cerca. Pero zafa y cuando se acuesta, duerme en paz.

2 sept 2010

Many miles away

El Jefe está cansado, mira solo a través de la ventana la simpleza y pulcritud de cientos de manos ordenadas por el rigor de las tareas. Su escritorio tiene una espléndida vista del hormiguero.Los mira uno a uno, los selecciona, los estudia y divide.

Ellos están embargados en sus labores, cabezas gachas-manos atentas, muy de vez en cuando alguna mirada peregrina cruza la bancada en la cual están dispuestas las máquinas, tan sólo para corroborar que no hay complicidad, cabezas gachas-manos atentas, mirada que como un aguila hambrienta escudriña y vuelve a su nido sin ninguna presa, sin sustento, hambrienta. Las máquinas giran y hacen relucir sus engrasados cuerpos con la luz de los tubos fluorescentes, gimen un extraño canto metálico que poco a poco arropa al gran galpón.


31 jul 2010

Camarones

- ¡Abrí la puerta Gómez! Se terminó la joda hermano. De acá no se van a poder ir-.
La voz esperó unos segundos y, tras no recibir respuesta ni escuchar ruidos dentro de la cabaña, empezó a golpear de nuevo.
- ¡Gómez! ¡Abrí la puerta carajo! Los tenemos rodeados. Ya no hay vuelta, ¿me entendés? Esto se puede hacer tranqui o se puede hacer fulero. Depende de vos-.
Cuando la policía llegó a la cabaña número 5 del camping El Sur, Luis y Andrea seguían durmiendo. Si bien ya eran las 11.30 de la mañana, habían pasado las últimas 18 horas turnándose al volante del auto, antes de llegar a Camarones. El pueblo parecía ofrecer todas las cualidades de escondite temporario. Aislado y olvidado, los fugitivos comenzaron a recorrer sus calles en búsqueda de una posada o un hotel, cuando vieron el letrero de El Sur. Retomaron la ruta 3 y siguieron cinco kilómetros hacia Comodoro hasta llegar al camping. Eran las 6.00, pero el encargado ya estaba en la vieja recepción con un mate recién cebado. Pagaron, dejaron el auto enfrente a la cabaña y diez minutos después ya dormían.
Ahora el Gordo estaba parado frente a la puerta, inmóvil, escuchando los golpes y los gritos que venían desde afuera.
- Gómez, vamos, que si te entregas manso va a ser un punto a favor tuyo en el expediente. A los jueces les gustan esas cosas. Te puede quitar unos años y, si le sumás buen comportamiento, falta de antecedentes, vas a ver que ni siquiera haces toda la condena-.
El sargento Craigs esperó alguna señal, pero el silencio en el chalecito era total.
- Este tipo es medio pelotudo - le murmuró Craigs a los dos cabos que lo acompañaban.
Dejó pasar unos segundos y estaba a punto de golpear de nuevo cuando, sin aviso, desde adentro de la cabaña comenzaron a disparar.
Los tres policías se tiraron al piso y vaciaron sus cargadores contra la puerta. Los dos efectivos en la parte trasera de la cabaña dieron la vuelta corriendo y cubrieron a los hombres.
Pasado el tiroteo, lo único que se escuchaba en el lugar eran los gritos agudos de una mujer. Los tres uniformados en el piso se miraron entre ellos.
- ¿Están bien muchachos? - preguntó Craigs.
- Sí sargento - respondieron asustados los cabos Menéndez y Artuchi.
- Bien - dijo Craigs.
Craigs, Menéndez y Artuchi recargaron sus armas y permanecieron en sus posiciones, apuntando hacia la entrada. Dejaron que pase alrededor de un minuto y, después de comprobar que, salvo por los alaridos femenino, había vuelto el silencio inicial, comenzaron a pararse.
- Cúbranme - ordenó Craigs, que volvió a acercarse a la cabaña.
Aprestado, afinó su oído, pero lo único que escuchaba eran los sollozos que venían desde adentro. Esperó unos segundos, se meceó un par de veces y, luego de dirigirle una señal a sus subalternos, pateó la puerta y entró a la cabaña.
Lo primero que recogieron los sentidos del sargento fueron los nuevos gritos de Andrea. La diferencia de luz entre el exterior y el interior lo habían dejado prácticamente ciego.
- ¡Arriba las manos! - gritó Craigs, apuntando sin ver, guiándose por el sonido.
- ¡Arriba las manos carajo! - volvió a gritar, enervado por los alaridos más fuertes de Andrea.
De a poquito el sargento comenzó a divisar las formas en la habitación. Lo primero que vio fue a la mujer, de aproximadamente 40 años, sentada en la cama, llorando, tapándose con las sábanas. Empezó a mirar a su alrededor en busca de Gómez. Lo encontró tirado en el piso, con el revolver aún en su mano. Un charco de sangre se expandía lentamente alrededor de su cabeza. Craigs se quedó unos instantes mirando al muerto, pero su atención volvió a Andrea.
- ¡Arriba las manos te dije! - gritó, provocando más llanto en la mujer.
- ¡Levantá las manos carajo! - chilló Craigs, mientras Andrea se volvía cada vez más dentro de si misma.
- ¿Así que te haces la boluda? Ya vamos a ver cómo te haces la boluda, eh - dijo Craigs.
El sargento se acercó, la agarró de los pelos y la arrastró fuera de la cama. Andrea trató de agarrarse de lo que pudo y en el camino tiró todo lo que estaba sobre la lámpara de luz al piso. Desnuda y en el suelo, Craigs volvió a sujetarse de su melena, asegurándose de sostener más cantidad de cabello, y empezó a arrastrarla hacia la entrada.
- ¿Sargento? - dudó Artuchi al ver a Craigs salir al exterior, con la mujer gritando y luchando a la rastra.
Craigs se detuvo, volvió a chillarle a Andrea que se callara y lo miró al cabo.
- ¿Cuál es su puto problema Artuchi? - dijo Craigs.
El cabo no dijo nada. El sargento lo observó fijo por unos segundos y luego siguió avanzando hacia la camioneta con la inscripción de la Policía del Chubut. Cuando llegó al vehículo, abrió la puerta, levantó a Andrea, cubierta de una mezcla de polvo y lágrimas, y la empujó adentro de la cabina.
- Concha tu madre, la que te re mil parió - murmuró Craigs tras cerrar la puerta.
El sargento volvió, agitado, a reunirse con Menéndez y Artuchi, a los que ya se les habían sumado Wilkin y Pérez, tomó un par de bocanadas largas de aire y prendió un cigarrillo.
- Que hija de puta - dijo.
- Que puta de mierda- dijo más para si mismo Craigs.
El sargento fumó el resto de su cigarrillo en silencio, mientras que los cuatro hombres que lo acompañaban se quedaron en silencio. Cuando la llama llegaba hasta el filtro, Craigs tiró la culata al piso y la apagó con la punta de su zapato. Miró el cielo y prestó atención a los silbidos de un pájaro. Después volvió su cara con bigote fino a Menéndez, Artuchi, Wilkin y Pérez.
- Bueno muchachos, tenemos un fiambre ahí adentro -, les dijo.
- ¡A laburar! -, aplaudió Craigs.
El sargento y Menéndez y Artyuchi entraron a la cabaña. Wilkin y Pérez fueron al móvil para hablar por radio con la comisaría.

21 jul 2010

God Bless America (o los refugios bajo tierra son el próximo negocio inmobiliario cuando los cantris se llenen)


-Pero que buena fiesta estas dando Mark! Por fín te decidiste a festejar un poco luego de todo lo que ocurrió. Vamos! que hay que vivir la vida, ayer justamente estaba hablando de eso con Jenny, la animaba, le decía que no había razón para estar tristes, después de todo estamos sanos y salvos, y eso es lo que cuenta.

-Eso mismo decía mi esposa y por eso he tomado la decisión de dar ésta fiesta. A todo esto ¿qué opinas del Martini? fue una de las pocas cosas que me decidí a no dejar atrás. Sabía que no podía traer todo lo que tenía allí arriba, pero no estaba dispuesto a resignar el seco sabor de un Martini en mi paladar.

-Ja ja ja! Tú si que eres todo un bon vivant! En cambio John no deja pasar un día sin hablarme de su Buick Skylark celeste, amaba ese convertible. Pero bueno, tú sabes, aquí bajo tierra aunque pudiera haberlo acomodado en nuestra unidad habitacional no hay calles, a cambio nos dieron esos pequeños pasadizos en los que tenemos que apretujarnos. Sin embargo, cada día que pasa me acostumbro más a ésta vida bajo tierra. Tengo más tiempo libre, los ejercicios matinales que imparte la radio han mejorado mi silueta y ya no me preocupa más el clima ja, ja!

-Bueno, todo ha cambiado desde aquel día en el cual las radios vociferaban el ataque nuclear soviético, las primeras noticias sobre las ciudades devastadas, los rumores sobre los efectos de la radiación... ¿Quién sabe qué cosas estén ocurriendo allá arriba? Mutaciones, deformaciones, hambruna, pestes. Por eso sostengo que somos afortunados al tener la posibilidad de seguir nuestras vidas aquí y con todas estas comodidades. Tomando Martini y escuchando el último disco de Lee Konitz. A todo esto, tus aros lucen preciosos!

-Gracias! Oh Jonhy! Tú si que sabes encontrar el lado soleado de la vida!

-Piensa... Martinis, el jazz de Konitz, tu aros... puedo decir sin temor a equivocarme que en estos momentos dentro de éste refugio hay más estilo que en todo lo que queda de la superficie terrestre! God bless America!