26 jul. 2011

[Pero las transgresiones espectaculares y las provocaciones agresivas pueden ser siempre expresión de una fé desilusionada vuelta contra sí misma]   

Al escuchar esto el lobo mantuvo la pose desfiante pero ya sin gracia, quizá notó lo ridículo de su gesto violento o quizá recordó algo, lo cierto es que depuso su actitud, saludó cortesmente y partió. Como siempre sin dar cuenta de su destino. Estaba atardeciendo, lo vi describir su camino rectilíneo. No tuve opotunidad de saludarle, ni de agradecerle. Con suerte vuelva a verlo, con él nunca se sabe, pero presiento que esta fue su última función.
No gusto de extraer moralejas o mercantilizar las historias en busca de alguna ganancia pedagógica para el lector, sin embargo cuando me pregunten voy a decir que aprendí algo de todo esto, de sus visitas, de sus amenazas, de sus colmillos y de su militante soledad.
Quizá hasta los lobos de vez en cuando sientan miedo, la desilusión puede ser muy peligrosa.

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