22 ene. 2011

The same old babies with the same old toys

El sol había comenzado a disparar a través de los agujeritos de la persiana, ella dormía a mi lado, pelo revuelto, sábanas arremolinadas y las aguas turbias de la noche que se iban diluyendo con el golpe pálido de la mañana que se levantaba ¿El sol? seguía tiroteándonos desde algún lugar más allá de la persiana.
La fucking noche ya se había roto en mil pedazos y la máquina retomaba las tareas habituales, yo como siempre estaba lejos de casa, lejos de ella y lejos del mundo.
No es importante explicar cómo había llegado hasta ahí -nada muy diferente al procedimiento habitual, para más información lean el manual capítulo IV, sección 1º- pero, a la inversa, era imperioso establecer un plan de evacuación rápido e inteligente porque ella en cualquier momento podía comenzar a recobrar la conciencia y advertir que el campo de batalla volvía a ser una pieza desordenada por otra de tantas luchas nocturnas, con el agregado de que esta vez era yo a quién había tenido como adversario... y necesitaba escapar.

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