22 abr. 2011

Rock & Roll

A Los Colores Puros de la Pradera de Winsterhead le adelantaron las regalías de lo que debería ser su segundo LP, pero la jugada de Andrew Dwells, director de Shakedown Records, ha salido desastrosamente mal. Ahí está Edwin James, voz de la nueva promesa psicodélica, durmiendo sobre un charco de vómito en un rincón. Barry Matthews, del quien sólo podemos ver su culo peludo, tiene la cabeza metida en el bombo, y los hermanos McGeen en este instante están tirando la guitarra y el bajo del estudio en un lago a 25 millas de distancia.
El cerebro de Dwells es un infierno, una calculadora demencial que da rojo y rojo y cada vez más rojo. Le pide a Gwen que abra su boca y le muestre su lengua: roja también. Lo perdí todo mi amor, Shakedown Records se va a la ruina, por el inodoro, puse todo lo que había y ya lo gastaron todo y lo único que tengo son 3 horas de basura. Andrew apoya su cabeza sobre el regazo de su esposa y ella pasa sus manos por su pelo castaño. Y encima Seth dice que se enamoró de una de las groupies que trajeron y que se van a ir a vivir a Ibiza, ahora decime, ¿de dónde voy a sacar un sonidista como Seth?, él era la marca registrada de nuestro sonido. Andy suspira y cierra los ojos mientras Gwen continúa sus caricias. No lo puedo creer, encima se nos fue Seth. ¿Dónde encontraré un sonidista como él?

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