18 abr. 2011

Otra vez ese maldito lobo. Cuando parecía que no molestaba más, aparece de vuelta, aullando debajo de mi ventana. Y eso que no llegó el invierno todavía.

Estuve masticando una vieja idea: volver a Dresden. Solo que esta vez no desde la radio de un B-17 a 6.000 metros de altura, sino ya de vuelta en Inglaterra, a través de una carta de un piloto de la Fuerza Aérea Real para su madre. La misiva contendría una desesperada defensa del bombardeo de parte del joven aviador, quien lucha contra la culpa, e intentaría reflejar lo que yo creo que quizás son las sensaciones de angustia y contradicción y espanto y asco de recibir la orden de soltar 3.400 toneladas de bombas sobre una población humana. Sin embargo, ahora no puedo realizar esa tarea. Vi un video del ataque, filmado desde un avión, el cielo, y nunca la palabra cielo perdió tanto su significado, ni se oscureció de una manera tal que ni siquiera podría llamarse noche, sino la nada, el fin, lo inerme. Quedé sensibilizado, horrorizado y decidí que no quería escribir esa carta (aunque, por suerte, de alguna manera logré hacerlo de esta manera).

También tenía ganas de subir un dibujo de Diego Parés de una muy sensual Eternauta que sin ninguna duda le pasa el trapo a Solano López y al Eternestor, pero ahora, al igual que a mi pobre piloto atormentado, me invadió una profunda sensación de culpa. ¿Un dibujo de una mujer semidesnuda después de sumergerse en las atrocidades y espanto de la guerra? Bueno, ¿pero no será una manera de espantar a la muerte? (¿No me ganaré el repudio del sector feminista?) Ok, la publico nomás. Me estoy volviendo cada vez más viejo, no obstante sigo aborreciendo el homicidio y amando la vida.

1 comentario:

Denis dijo...

Hola,
he llegado aquí de casualidad, ya tienes un seguidor más!
espero verte también a ti por mi blog jeje

http://ztags.blogspot.com

un abrazo y nos leemos!