8 mar. 2010

Sueño Nro 345.671

Anoche soñé conmigo cuando era niño, cuando apenas tendría cuatro o cinco años, estaba de vuelta en Oak Park. Caminaba por la playa del lago Míchigan, entre la gente del pequeño balneario que se armaba en los cortos pero calurosos veranos, cuando me crucé con un niño perdido llorando. Estaba parado en la orilla con la cabeza mirando hacia el piso, limpiándose los mocos, era yo. Me le acerqué y le pregunté si se encontraba bien, a lo que me respondió que estaba perdido y que no encontraba a su Mamá. "No te preocupes compañero, ahora buscamos a tu Mamá y una vez que la encontramos podés seguir juntando cangrejos", le dije sabiendo que me encantaba amontonar esos bichos en un balde que tenía y efectivamente el niño se tranquilizó un poco y dejó de lagrimear. Lo alcé y comencé a caminar hacia la zona donde soliamos acampar durante nuestras excursiones al lago. Cuando llegamos Mamá estaba con la Tía llorando, mientras Papá ya se había perdido entre la gente en busca mío. Al vernos acercarnos, Grace vino corriendo. Le pasé al niño y entre lágrimas y abrazos le comenzó a preguntar dónde se había metido, por qué se había ido sin avisar y todas esas cosas que las madres asustadas suelen decir. "Gracias señor. Muchísimas gracias. Que Dios lo bendiga", me dijo a mi. "No se preocupe señora. No fue nada. Es un pequeño explorador al que tiene ahí", le respondí. No me reconocía. "Tené cuidado vos pequeño. Tan chiquito y ya armando lío", le dije con una pequeña carcajada al final. Me dio una fugaz mirada triste y volvió a apoyar su cabeza sobre el hombro de su Mamá. No sabía que yo era él. Saludé y me despedí de Mamá, ella me dio nuevamente las gracias y mientras me iba le dije que también le mandaba saludos a su esposo, Papá. Me puse a caminar por la orilla del lago, en dirección contraria a la que había hecho. Al hacer cerca de 100 yardas, me arremangué los pantalones y con mis zapatos aún puestos continué bordeando el Míchigan con el agua hasta mis tobillos.

E. Hemingway

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