27 ene. 2010

Cuando abrí mi valija fue como si una bomba de canela y paprika hubiera explotado en casa. En el jardín todavía se huele. Cuando me paso la mano por el pelo retorna. Buenos Aires está silenciosa. El paseo en colectivo de anoche fue insonoro, como si las ruedas no tocaran el asfalto. Pasé la cancha de River Plate, Barrancas de Belgrano estaba en paz. Yat viajó conmigo desde Galle hasta Colombo. De ahí se tomó un avión a Dios sabe dónde, no abandona su reticiencia a contar algunos detalles. Dean se quedó allá con Ramyalatha; debe estar disfrutando de las playas todavía. Yo estoy de vuelta, con mi bitacora compartida. Los recuerdos de las últimas semanas siguen volviendo esporadicamente, como un especie de flash que me transporta a un ambiente con una luz cálida y levemente rojiza, ruido y movimiento de mercado, olor a especias y una absoluta falta de temor. Igual, Buenos Aires está poco temerosa también. Está apacible.

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