28 nov. 2009

Yat, hermano. Mira con lo que me encontré al comenzar a leer El Chino de Henning Mankell:

1.
Skare, frío intenso. Mediados de invierno.
Uno de los primeros días de enero de 2006, un lobo solitario cruza la frontera sin señalizar y llega a Suecia desde Noruega a través de Vauldalen. El conductor de un ciclomotor cree haberlos avistado a las afueras de Fjällnas, pero el lobo se esfuma por entre los bosques en dirección este sin que nadie logre ver hacia dónde se dirige. En medio de los valles noruegos de Österdalarna, el animal encontró restos de un cadáver de alce congelado donde aún quedaban huesos por apurar. Sin embargo, de eso hace más de dos días. Ahora empieza a acusar el hambre de nuevo y busca alimento.

Otra de lobos y loberías, ¿no? ¡Ja! Muy adecuado. Me acordé de vos en este pasaje y me imaginé que probablemente algún interés te va a generar. Ojo, las correrías de nuestro amigo siguen un par de párrafos más. Sin embargo, tampoco quería transcribir tanto.
Yo por fin me encuentro mucho más libre de tiempo. El cuatrimestre ya terminó y los pocos que se anotaron en mi seminario o promocionaron o recursan. No me gusta la instancia de finales. Estoy más viejo y más cansado. Por suerte, una colorada tetona con pecas le agregó un poco más de electricidad a la cursada.
Creo que el año que viene levantaré mi cátedra por un tiempo.
En el verano me voy por unas semanas a Sri Lanka.
Yat, hermano, gracias por el homenaje. Hermoso regalo. ¡Bien por el sci-fi! El futuro llego hace rato.

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