26 oct. 2013

Las luces del estadio (remix)

Hay una canción de Jaime Roos, Las luces del estadio, por la que siempre he sentido una atracción particular. Un tango (por algún motivo tardé bastante en darme cuenta que era un tango!) con desenlace en murga, el tema recorre los bares y madrugadas de Montevideo, deteniéndose en un encuentro de trasnoche entre tres viejos amigos. Entrados en copas, los camaradas discuten, se abrazan, recuerdan y sonríen (así dice Roos).
Agarrados al mostrador, estiran las horas de la velada, cuando, de repente, entre los baldeos del mozo, el cielo oriental pareciera querer dejar la oscuridad atrás y dar paso al nuevo día. Sin embargo, lúcido, veloz, uno de los tres ataja el embate. Dice: "Aguanten, che. Son solo... las luces del estadio".
Y ahí al toque arranca un solo de guitarra.
Es este momento, el del aviso salvador, seguido del inicio del solo, para mi la parte más estremecedora de la canción; la que toca una fibra íntima mía y cala algo sensible, profundo. Me moviliza, incrementa la vibración imperceptible pero real de mis celulas y estoy seguro que por unos segundos me expando sobre la atmósfera que me rodea en lo más inmediato.
Sin embargo, cuando pienso en Las luces del estadio; no sé, quizás les parezca gracioso o algo así; pero bueno, como les decía, cuando pienso en Las luces del estadio, no pienso en nada de lo anterior.
Cuando pienso en Las luces del estadio; cuando yo, M.H., pienso en Las luces del estadio; en esa construcción de palabras; sí, pienso en otra cosa.
Cuando pienso en Las luces del estadio, pienso en las luces de un estadio, solamente en eso.
Pienso en todos esos focos de luz prendidos y en los
millones y millones de insectos que atraen.
Polillas, mariposas nocturnas, cotorritas. Cantidades
incontables de ellas.
Revoloteando,
golpeándose contra el cristal de los reflectores. Una
nube de bichos invisible
para los espectadores, concentrados en el juego.
Cuando pienso en Las luces del estadio, también pienso en una
brisa tibia recorriendo la platea.
Un viento muy tranquilo,
de primavera, recorriendo el público, acariciándolo.
Haciéndolo sentir vivo.
La pausa del entretiempo. La música que anima el
descanso brotando de los parlantes. El movimiento de
la gente que va a comprarse una hamburguesa, un
choripán.
Todo bajo el brillo artificial. Un fulgor cálido,
temperaturalmente imperceptible. En eso
pienso. Es una explosión de luz en medio
de la noche.
No sé cuantos megavatios retumbando por las entrañas de
la tierra,
brotando de las torres de iluminación.
Una pequeña supernova. Condensada; dirigida hacia
el campo de juego. Que ilumina a los jugadores,
a un pequeño sector de la tierra.
Otro punto blanco en el espacio.
Un sol para la línea de cal, el rocío del pasto y
el brillo de la transpiración de las camisetas.
En eso me pongo a pensar.

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