5 jun. 2012

Cuando estás solo es así

Miraba el largo horizonte del Mar Mediterráneo, quizá esperando alguna señal del Levante. Estaba sentado en una pequeña mesa blanca con un vaso todo transpirado a medias de tomar. Parecía un aperitivo, junto a él tenía una silla vacía. Camisa abierta hasta el pecho y rigurosos anteojos oscuros. El bar era otro de tantos sobre las costas de Almeria. Algo lejanas se escuchaban las olas rompiendo abajo, en la base del acantilado.

Habían pasado más de 6 días desde el 20 de noviembre de 1975, sin embargo los diarios no paraban de hacer referencia a la muerte del "generalísimo". El clima general era de estupefacción, se percibía una mezcla de alivio y tensión, como si una amenaza rondara el país, como si los viejos espíritus de los republicanos y anarquistas hubiesen vuelto a asustar a la señora de la casa, ahora ya más vieja y más conservadora y con hijos más atentos a la moda internacional.

Él terminó el aperitivo de un sólo sorbo, dejó el dinero sobre la mesa y caminó rumbo a un Opel Kadett rojo casi nuevo, tenía chapa belga. De los pocos que estaban en el bar captó la atención de una joven sentada con su pareja. Ella lo miró de arriba a abajo cuando pasó a una mesa de distancia. El muchacho que estaba con ella percibió ese gesto; entre romántico y celoso la tomó de la mano para recuperar su mirada. El auto levantó algo de polvo hasta encontrar el pavimento gris de la ruta A-70.


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