14 abr. 2010

Soñando despierto

El sueño de hace unas semanas me dejó pensando. Bueno, más que me dejó pensando, se me incrustó. El método al menos. Yo hablando conmigo mismo, con otra persona que es yo, un yo mucho más joven. Joven. Ayer, antes de entrar al aula, mientras fumaba un cigarrillo apoyado contra una pared, de repente me encontré imaginándome a mi mismo apoyado contra la pared de enfrente del pasillo. Me evoqué de alrededor de 20 años, después de Italia y Agnes, antes de Toronto, Sherwood y París. Envalentonado por todas las cosas que yo ya se y que el yo de 20 años desconoce, me dieron unas súbitas ganas de que ese joven realmente existiera y que pudiera acercármele y darle una perorata. Probablemente ese deseo venía, y -por qué negarlo- sigue viniendo, de un especie de enojo conmigo mismo por las cosas que hice y, vistas en retrospectiva, ahora desapruebo. Sin embargo, el fantasma era solo un juego de mi fantasía y la edad me ha hecho intolerable y soberbio. Me reí de mi mismo y entré para empezar la clase.

E. Hemingway

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