6 oct. 2008

Pero muy buenas noches-días-tardes-mañanas y mediodías queridos amigos!
Otra vez aquí para acompañarlos hasta que el tedio les reviente las tripas. Aunque tal vez deban indignarse, aguarden...
Os invito a participar de esta fantabulósica aventura, mirad fijamente las cavidades oculares de nuestro asistente. Je! probad otra vez... ánimo! que no es tan difícil como os parece. Recórranlo, acaricienlo con sus suaves miradas, caigan por sus líneas, piérdanse por los caminos de entre sus parches, léanlo, léanlo! Sí! El pobre inconciente les habla, nadie sabe si acaso respira, pero no permitid que los invada el pánico, él tiene algo para decirles.
Siempre hay algo para decir, podemos tomarnos de las manos y sentir la cálida satisfacción que nos da saber qué pasa, saber qué significa, gracias al pobre tirado de allí. Pobre inútil: ya en sus límites tiene la deferencia de dirigirse a nosotros. Al parecer ese esfuerzo se le llevó toda la voluntad de hacer algo más.


(Joder! El lobo está justo delante nuestro... en las sombras y el muy cojonudo no dice nada!)

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